Blockchain

Contratos inteligentes (Smart Contracts), Blockchain: legalidad y aplicación

por Julio Huélamo Gracia, en Madrid a 04 de mayo de 2018

La tecnología blockchain parece no tener freno. Constantemente surgen nuevas aplicaciones sobre este nuevo sistema  a juzgar por el aluvión de nuevos modos de aprovechar esta tecnología de nodos mediante intercambio P2P. Es frecuente que los términos blockchain y smart contract vayan de la mano y por ello, es normal preguntarse qué son los contratos inteligentes, qué relación tienen con las criptodivisas o qué aplicaciones prácticas tienen y tendrán en el futuro. Trataremos de dar una respuesta a estas y otras preguntas desde el punto de vista jurídico.

 

 

¿De dónde proceden?

 

Los Smart contracts fueron ideados por primera vez en 1994 por Nick Szabo, un ingeniero informático americano que algo más tarde, en 1998, desarrolló una tecnología que respondía al nombre de Bit Gold, diez años antes de la invención del Bitcoin. De hecho, se especuló con que Szabo fuera la persona tras el pseudónimo Satoshi Nakamoto, quien dio a conocer al mundo el sistema Bitcoin, extremo que el propio Szabo ha negado.

En ese momento se definieron los smart contracts como protocolos de transacción computerizada que ejecutan los términos de un contrato. Tenía la intención de extrapolar la funcionalidad de los métodos de las transacciones electrónicas al mundo contractual. Szabo propuso la ejecución de un contrato de activos sintéticos como productos derivados y bonos. Literalmente expresó: “Estos nuevos valores se forman mediante la combinación de múltiples formas de títulos (como bonos) y derivados (como opciones sobre acciones y futuros). Estas estructuras complejas de pago se pueden llevar a contratos estandarizados e intercambiados con un bajo coste dado el análisis informático de estas complejas estructuras de términos y condiciones”. En este caso Szabo abogaba por la automatización de la compra y venta de productos financieros derivados con complejas cláusulas y condiciones.

No obstante, a pesar de esta concepción original, la figura de los contratos inteligentes ha ido evolucionando con el paso de los años y actualmente cuentan con ciertas particularidades que los hacen únicos.

imagen: www.crypto-economy.net

 

 

¿Qué son contratos inteligentes exactamente?

 

Los smart contracts son programas informáticos, y como tal están escritos en código, siguiendo un lenguaje de programación de software en el que se ejecutan una serie de órdenes que son anteriormente establecidas. La ejecución no está condicionada a matiz o interpretación alguna, sus parámetros son tan claros como: si se da la condición A entonces se dará la consecuencia B. Es decir, se basa en reglas lógicas. Estas condiciones y consecuencias se registrarán en la red blockchain y por tanto los nodos de la red únicamente validarán las transacciones que impliquen si la mayoría de ellos constatan que la condición se ha cumplido. Estos contratos, por su especial naturaleza, reúnen unas características específicas.

Los contractos inteligentes son autónomos, es decir, no necesitan un tercero para ejecutarse, sino que lo hacen automáticamente, esto implica que no pueden ser manipulados por agentes externos a la relación contractual.

Son seguros, en tanto ejecutan operaciones firmadas por ambas partes, siempre y cuando la identificación de las partes sea lo suficientemente estricta.

Como en toda tecnología blockchain los contratos se registran en una red descentralizada por lo que no requieren de un organismo regulador que verifique las transacciones que de ellos se deriven. Estas transacciones son públicas, no así las identidades de las partes. Así mismo pueden considerarse transacciones seguras, dado que son irreversibles e inmutables, sería virtualmente imposible “hackear” todos los nodos de la red al mismo tiempo para tratar de falsear una operación. Asimismo, son transacciones extraordinariamente veloces puesto que las pueden darse de manera casi instantánea al verificarse el cumplimiento de la condición en cuestión.

¿Los contratos inteligentes son contratos?

 

Es importante averiguar si los contratos inteligentes son contratos propiamente dichos. Debemos decir a este respecto que, en términos generales deben ser entendidos como contratos en la mayoría de los ordenamientos jurídicos. Según el ordenamiento español existen dos tipos de contratos según su forma. Por un lado, los formales, aquellos cuya solemnidad es exigida de manera preceptiva por ley, por ejemplo, mediante forma escrita, presencia de testigos, elevarlo a escritura pública… mientras que por el otro encontramos los contratos no formales que no exigen que el consentimiento se manifieste por un determinado medio para su validez, permitiéndose incluso que el contrato sea oral.

De este modo entendemos que, salvo en ciertos casos, la forma no es requisito para la validez del contrato en la mayoría de ordenamientos jurídicos, sin embargo, según el Código Civil español existen ciertos elementos esenciales que el contrato debe reunir para ser considerado como tal. Tales elementos se recogen en el artículo 1261 y son consentimiento, objeto y causa.

Objeto y causa no presentan demasiada complicación para su apreciación en un contrato. Primeramente, su objeto tiene que ver con activos digitales como las criptodivisas (bitcoin, ehtereum…), o tokens personalizados mediante los cuales se permite la equivalencia de monedas con valores financieros. Por otro lado, es importante entender esta tecnología en relación con el IoT (Internet of Things) cuya concepción implica que los objetos físicos del mundo tengan una ID para ser capaces de vincularse a la propiedad de alguien. Esta tecnología está aún en desarrollo, pero implicará que activos tan importantes como las propiedades inmobiliarias puedan únicamente permitir el acceso al propietario del bien a quién tenga legítimo derecho a acceder (arrendatario).

La causa de un smart contract ha de ser verdadera y lícita, teniendo en cuenta que la causa es el fin del negocio jurídico que buscan las partes. No es necesario que esté reflejada de forma expresa puesto que existe una presunción según el artículo 1277 del Código Civil que reza que “aunque la causa no se exprese en el contrato, se presume que existe y que es lícita mientras el deudor no pruebe lo contrario”.

imagen: www.oroyfinanzas.com

Respecto al último elemento esencial, el consentimiento, sí que podemos encontrar mayores complicaciones, puesto que, aunque cualquier persona física o jurídica puede llevar a cabo un contrato inteligente, es importante que se lleve a cabo la verificación de su identidad de manera suficientemente eficiente. Y es en este punto donde la tecnología blockchain está encontrando mayor dificultad ya que dar garantías de quién es la persona al otro lado de la transacción y por tanto del contrato no es tarea sencilla. En la actualidad, se está buscando incesantemente un sistema de identificación, numerosas empresas como Nodalblock están creando algoritmos que recaben las evidencias probatorias de identificación (datos identificativos, documentos de identidad e incluso pruebas biométricas), y creen una imagen basada en tales evidencias y a esa imagen se le atribuya un hash. Un hash en informática es una herramienta que nos permite tomar unos datos, sin importar el tamaño de los mismos, y generar en base a ellos un identificador único y de tamaño fijo (siempre el mismo número de caracteres), normalmente es una combinación de números y letras. Los hashes tienen la particularidad de que si se conoce la fórmula para generarlos es muy sencillo volver a generar ese hash a partir de cualquier dato, pero teniendo únicamente el hash es muy complicado saber cuáles son los datos iniciales. Los clientes son los que determinan cuales son las evidencias que necesitan para estar cómodos sabiendo quién es quién para validar un blockchain. Entonces, respecto de la ID se crea un hash de identificación para cada parte del contrato, permitiendo así identificarlos.

Existe una problemática derivada de la estandarización de cuales deben ser esas evidencias probatorias mínimas. Para dar seguridad al tráfico jurídico mediante blockchain, es necesario adoptar sistemas de identificación lo bastante eficaz para que esté claro cual es realmente la persona física o jurídica con la que se está contratando. No obstante, es imposible tener la certeza absoluta de que la identificación es la correcta, pues siempre se podrá buscar la manera de intentar falsear las credenciales de identificación y en este caso, son los organismos reguladores los que han de poner los medios para que, en caso de que quede probada esta falsedad, actúen con contundencia para sancionar a los infractores.

Asimismo, encontramos una cuestión interesante a abordar. Se ha planteado la posibilidad de que una persona física o jurídica realice un contrato inteligente con otro smart contract como parte. Hemos de decir que, aunque los smart contracts tengan ciertas cualidades como que son identificables mediante hash y que tengan la capacidad para ejercer derechos y obligaciones en tanto que pueden ejecutar acciones si se dan determinadas condiciones, no cabría entender que exista autonomía de la voluntad en un smart contract puesto que no existen inteligencias artificiales reconocidas capaces de gestionar tareas de apoderado en la actualidad, nadie sabe si en el futuro se darán estas condiciones, pero en la actualidad no es posible considerar que un smart contract pueda prestar un consentimiento válido en sí mismo.

¿Algún ejemplo práctico?

 

Hay varios casos de práctica habitual en los que la tecnología smart contract puede emplearse. Hablaremos de tres de ellos. En primer lugar, en las pólizas de seguros. Actualmente resulta muy lento el proceso para reclamar una póliza de seguros. Son necesarios cuantiosos trámites y una activa participación humana para gestionarlo. Ello implica mayor coste en las cuotas del seguro. En caso de que una compañía aseguradora automatice su sistema de pólizas mediante smart contracts se pueden reducir significativamente estos costes. Imaginemos el caso de un seguro antisísmico que obligue a indemnizar al asegurado en caso de que el terremoto registre una determinada intensidad. En tal caso se podrá cuantificar la magnitud del movimiento tectónico y en su caso se realizará automáticamente el ingreso correspondiente estipulado en el contrato.

Otra posibilidad son las apuestas. Este caso presenta pocos problemas para realizarse si tomamos como referencia una apuesta cruzada, es decir, una en la que se apuesta frente a otra persona. Pongamos por caso que la parte A apuesta 100€ a que el Real Madrid ganará la Copa de Europa de esa temporada, y la parte B apuesta 100€ a que será cualquier otro equipo. Si ambas partes aceptan tales condiciones, en el momento en que el suceso se verifique, es decir, cuando se sepa quién es el ganador de la competición, de manera automática se producirá una transferencia hacia la parte ganadora.  Para verificar esta circunstancia hace falta acudir a una fuente de información exógena conocida como Oracle, que será la que determine quién ha sido el equipo vencedor, en este supuesto podría ser la web de la UEFA que oficializaría el resultado.

Por último, el caso de los derechos de autor puede ser instrumentado mediante tecnología blockchain. Los derechos de autor son administrados en la actualidad por las entidades de gestión. Si tales entidades decidieran adaptar su modelo contractual con artistas, intérpretes o ejecutantes al sistema de smart contract, se podría, por ejemplo, realizar el pago de royalties de forma automática en el momento en que se verificara el número de reproducciones en plataformas de música en streaming como Spotify o iTunes.

imagen: assets.entrepreneur.com

 

 

¿Qué personas pueden redactar un contrato inteligente?

 

Esta cuestión es clave y capital. ¿De qué sirven los contratos inteligentes si no son accesibles a la mayoría de las personas? La respuesta es de muy poco. Actualmente existen 2.500 millones de usuarios que potencialmente podrían acceder a esta tecnología, sin embargo, existen poco más de 5.8 millones de carteras blockchain. Se estima, además, que el 80% de los empresarios usarían o estarían dispuestos a probar esta tecnología en sus empresas, sin embargo, el porcentaje de uso real es aplastantemente menor. La realidad es que, a día de hoy, existen ciertas barreras que dificultan la entrada masiva del gran público al blockchain.

En la actualidad, la forma más habitual de realizar contratos inteligentes es a través de la tecnología Ethereum, esto no implica que no puedan redactarse smart contracts vinculados a otras criptodivisas, por ejemplo, es posible realizarlos en Bitcoin con sus colored coins, pero Ethereum fue concebida desde su origen como una plataforma para dar cabida a contratos inteligentes. No obstante, existe una gran contradicción entre la esencia de las criptodivisas, que es eliminar las barreras entre las personas, y Ethereum, puesto que para realizar un smart contract en dicha plataforma hay que tener conocimientos específicos de programación, más concretamente en Solidity, un lenguaje de programación de alto nivel cuya sintaxis es similar a otro de los lenguajes de programación más empleados hoy día: Javascript. Este lenguaje está diseñado y compilado en código de bytes (bytecode) y se emplea para crear smart contracts en la Máquina Virtual Ethereum. Por lo tanto, se crea una gran barrera de entrada para el usuario medio.

En este punto es importante recordar, que muchos expertos están abogando por la idea de eliminar todo tipo de intermediarios gracias a las criptodivisas. Esta idílica concepción tiene un problema de base, y es que, salvo que se pudiera crear un sistema que automáticamente aplicara las regulaciones a los contratos, es decir, que pudiese controlar que el contenido de un contrato fuese acorde a derecho o no, es ineludible el conocimiento técnico. En programación, un informático puede verificar si existen errores en su código mediante las herramientas del compilador o reparando errores manualmente (bugfixing) pero en lo que tiene que ver con la normativa, no existe ninguna herramienta más que el conocimiento de la legalidad vigente por parte de un especialista en la materia. Por tanto, por mucho que se pretendan derribar todas las barreras entre usuarios, existen algunas que es muy difícil soslayar.

imagen: logo iOllite

Es notable destacar que en el futuro es muy probable que, tanto los informáticos deban estudiar regulaciones a un nivel superficial para evitar conflictos de base, como que los abogados tengan que tener al menos conocimientos básicos de programación, si van a especializarse en smart contracts para entender las limitaciones de la tecnología y ayudar a compatibilizarla con la normativa vigente. Ya comienza a haber abogados especializados en tecnología blockchain en nuestro país como Alejandro Gómez de la Cruz que están apostando por esta simbiosis desde hace tiempo y dada la proyección de este sistema de contratos el número de especialistas no puede sino crecer cada vez más.

Por último, debemos reflejar que existen iniciativas que tratan de minimizar este obstáculo de la programación. Es el caso de iOllite, esta nueva solución, propone redactar contratos inteligentes, IoT y apps sin necesidad de saber programar a través de un sistema inteligente que aprende de cada contrato creado permitiendo al usuario basarse en experiencias previas e incluso recompensando a los creadores de contratos otorgando una remuneración que será mayor cuantos más usuarios los utilicen.

En resumidas cuentas, blockchain es una tecnología aún incipiente, pero con mucha proyección, que tiene sus dificultades pero que con trabajo y estudio revolucionará el tráfico jurídico y ofrecerá todo su potencial para los que sepan adaptarse y aprovecharla.